La Serena carga con un imaginario donde historia y mito se entrelazan con facilidad. El relato del “tesoro pirata” —que en distintas versiones habría quedado oculto entre las quebradas del Elqui, las rocas de Peñuelas o las criptas de iglesias coloniales— se sostiene menos en una fantasía romántica que en una secuencia real de amenazas marítimas que marcaron profundamente la vida de la ciudad. Como señaló un estudio del Archivo Nacional en su serie sobre amenazas externas del siglo XVI, La Serena vivió durante varias décadas en alerta permanente por la presencia de corsarios ingleses que incursionaban en el Pacífico Sur. La mayor parte de las fortificaciones tempranas, las huidas masivas hacia el interior y la costumbre de esconder metales preciosos nacen precisamente de esos años turbulentos.
El primer gran sobresalto ocurrió en 1578, cuando Francis Drake cruzó el estrecho de Magallanes y navegó hacia el norte por la costa chilena. Aunque no desembarcó en La Serena, las noticias de sus ataques en Valparaíso —descritas por cronistas como fray Melchor Jofré en relatos recopilados posteriormente por el Instituto de Historia UC— provocaron un pánico inmediato en el corregimiento serenense. El Cabildo ordenó reforzar guardias, vigilar los accesos desde el mar y retirar bienes de valor de los templos. Según un informe del Consejo de Indias citado años después por el historiador Vázquez de Espinosa, la sola presencia de Drake bastó para que vecinos y religiosos ocultaran cálices, plata labrada y joyas familiares en lugares improvisados. Es en ese contexto donde comienzan a circular los primeros rumores de objetos enterrados “para salvarlos del inglés”.

La situación se repitió, con mayor fundamento, en 1587, cuando el célebre corsario Thomas Cavendish completó su vuelta al mundo siguiendo casi la misma ruta de Drake. Su paso por las costas de Coquimbo quedó registrado en el Hakluyt’s Principal Navigations, una recopilación inglesa de viajes que detalla cómo su escuadra exploró bahías y sondó puntos aptos para desembarcar. Aunque Cavendish tampoco saqueó La Serena, el temor fue real. Como informó el gobernador Alonso de Sotomayor en una carta enviada al virrey del Perú —carta citada en un estudio reciente de la Revista de Historia Marítima—, los pobladores huyeron hacia los valles interiores y ocultaron metales de producción minera para evitar un posible ataque. El episodio consolidó una conducta defensiva que se repetiría por generaciones y alimentó el imaginario de tesoros soterrados.
Entre ambos episodios ocurrió un hecho menos conocido pero clave para la historia local. En 1586, un año antes de Cavendish, arribó a las costas de La Serena el capitán inglés John Knight, cuya expedición buscaba agua y abastecimiento tras una navegación difícil. Según estudios de la Universidad de Chile basados en documentación del Archivo General de Indias, Knight fue apresado por autoridades coloniales serenenses, interrogado y enviado luego a Lima. Este caso es particularmente relevante porque su detención generó informes oficiales donde se describen los preparativos defensivos de la ciudad y el nivel de paranoia frente a cualquier velero sospechoso. Como indica la historiadora Patricia Cerda en su investigación sobre amenazas inglesas en Chile, la captura de Knight fortaleció la percepción de que los corsarios no eran un rumor lejano sino una presencia concreta y recurrente. Y, otra vez, la reacción inmediata fue esconder bienes de plata para evitar su posible incautación.
Estos tres episodios —Drake en 1578, Knight en 1586, Cavendish en 1587— establecieron el clima que haría posible la consolidación posterior del mito del tesoro pirata. Cuando, un siglo después, Edward Davis sí desembarcó y saqueó La Serena en 1680, los habitantes ya tenían una memoria colectiva que enseñaba dónde esconder, cómo dispersar objetos valiosos y cómo sobrevivir a un ataque marítimo. Esa tradición práctica, reforzada por generaciones enteras, es lo que permitió que la leyenda del “tesoro escondido” tuviera continuidad hasta el presente. Según señaló el Consejo de Monumentos en un estudio patrimonial publicado hace pocos años, estos relatos funcionan como un repositorio de temores y hábitos sociales que rara vez quedan registrados en la documentación oficial, pero que modelaron la identidad de la ciudad tanto como sus terremotos y reconstrucciones.
El tesoro, si alguna vez existió como unidad coherente, probablemente fue disperso, mezclado con bienes familiares ocultos y perdido en el tejido urbano tras siglos de reconstrucción. Pero su poder narrativo persiste. En La Serena moderna —como recordó un reportaje de El Día sobre memoria histórica costera— el mito sigue vigente no porque prometiera oro, sino porque explica un capítulo de la ciudad donde el mar era amenaza, los corsarios siempre podían volver y cada casa tenía una historia de objetos escondidos. Ese es, en el fondo, el verdadero tesoro: la memoria que nunca se encontró del todo.
Links:
Richard Hakluyt – The Principal Navigations, Voyages, Traffiques and Discoveries of the English Nation
https://www.gutenberg.org/ebooks/35517
Vázquez de Espinosa – Compendio y Descripción de las Indias Occidentales
https://www.gutenberg.org/ebooks/45548
Archivo General de Indias – Sección Chile / Correspondencia del siglo XVI
https://www.culturaydeporte.gob.es/cultura/areas/archivos/mc/archivos/agi/portada.html
Instituto de Historia UC – Estudios sobre incursiones inglesas en el Pacífico Sur
https://historia.uc.cl
Revista de Historia Marítima – Artículos sobre navegaciones inglesas en Chile
https://revistahistoriamaritima.com
Consejo de Monumentos Nacionales – Patrimonio costero y riesgos históricos
https://www.monumentos.gob.cl










Deja una respuesta