El 6 de noviembre, cerca de las diez de la noche, salí del Metro Villa Frei bajo una lluvia cuya intensidad no veía desde hacía años. El trayecto de apenas unas cuadras hacia mi departamento bastó para quedar completamente empapado. A esa hora, en distintos edificios del sector, los vecinos ya reportaban goteras, desagües saturados y filtraciones. Minutos después, los pasos bajo nivel de Dublé Almeyda y de Castillo Velasco quedaron anegados, producto de un flujo de agua que superó la capacidad del drenaje urbano local.
En los días siguientes, el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) publicó un análisis detallado del episodio. Según el informe elaborado por René Garreaud, “La lluvia mata techo (6 de noviembre de 2025)”, la precipitación estuvo altamente concentrada en el oriente de Santiago. A partir de datos de la Dirección General de Aguas (DGA-MOP) y de la red de pluviómetros ciudadanos del Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile, el estudio revela que en la zona comprendida entre Ñuñoa, La Reina y Peñalolén cayeron entre 50 y 55 mm en pocas horas, mientras otras áreas de la cuenca registraron precipitaciones mínimas o inexistentes.
Una de las estaciones clave para comprender lo sucedido fue Holanda 23 – IPROVI58, ubicada en pleno Ñuñoa, muy cerca de Villa Frei. De acuerdo con los registros analizados por el CR2, entre las 22:00 y las 23:00 se produjo el peak del evento, con intensidades equivalentes a 60 mm/h, lo que traducido corresponde aproximadamente a un milímetro de lluvia por minuto. La tasa horaria más alta alcanzó los 22 mm en una hora, lo que coincide con el momento en que se inundaron los pasos bajo nivel cercanos.
El informe resalta que esta distribución espacial—con sectores muy lluviosos y otros prácticamente secos—se ha vuelto más común en tormentas convectivas de final de primavera, pero sigue siendo inusual en magnitud. De hecho, según las curvas Intensidad–Duración–Frecuencia desarrolladas por la Universidad de Talca (incluidas en el análisis), un episodio con alrededor de 20 mm en una hora presenta un período de retorno del orden de 60 años en estaciones de referencia como la de Cerro Calán.

El carácter no frontal del sistema, la ausencia de un río atmosférico y la ocurrencia en pleno mes de noviembre lo convierten en un evento meteorológico relevante para el estudio de la variabilidad climática local. Tal como señala el CR2, la combinación de alta intensidad, corta duración y fuerte localización espacial explica los problemas urbanos observados esa noche: drenajes sobrepasados en minutos, filtraciones súbitas y acumulaciones en infraestructura deprimida.
Registrar y revisar estos eventos resulta útil no solo para describir lo que ocurrió, sino también para entender cómo está cambiando el régimen de precipitaciones en Santiago. La disponibilidad de datos finos—estaciones de cinco minutos, redes ciudadanas y análisis hidrometeorológicos—permite reconstruir episodios como el del 6 de noviembre con un nivel de precisión que hasta hace poco no era posible. En este caso, los valores observados en Ñuñoa indican que no se trató de una lluvia habitual, sino de una descarga intensa y localizada, con características más cercanas a eventos convectivos extremos de retorno multidecenal.
En adelante, episodios como este serán claves para evaluar la resiliencia de la infraestructura urbana y para ajustar modelos que expliquen cómo, cuándo y por qué Santiago experimenta lluvias de esta magnitud fuera de los patrones tradicionales.










Deja una respuesta