{"id":149,"date":"2025-10-11T10:05:30","date_gmt":"2025-10-11T14:05:30","guid":{"rendered":"https:\/\/laboraoriorbat.cl\/?p=149"},"modified":"2025-11-20T17:11:45","modified_gmt":"2025-11-20T21:11:45","slug":"el-eco-de-la-paz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laboraoriorbat.cl\/?p=149","title":{"rendered":"El eco de la paz"},"content":{"rendered":"\n<p>Cuando el Comit\u00e9 Noruego anunci\u00f3 esta semana que el <strong>Premio Nobel de la Paz 2025<\/strong> ser\u00eda entregado a <strong>Mar\u00eda Corina Machado<\/strong>, la reacci\u00f3n fue inmediata, intensa y predeciblemente contradictoria. En Oslo, los aplausos; en Caracas, la euforia y el desconcierto; en Washington, la sorpresa te\u00f1ida de molestia. La distinci\u00f3n, que busc\u00f3 reconocer la \u201cvaliente defensa de la democracia venezolana y el esfuerzo por una transici\u00f3n pac\u00edfica\u201d, fue recibida con indignaci\u00f3n en el entorno del expresidente Donald Trump, quien \u2014seg\u00fan confirmaron medios estadounidenses\u2014 tambi\u00e9n hab\u00eda sido propuesto como candidato. Que la dirigente opositora venezolana haya sido preferida sobre el republicano favorito de su base conservadora pareci\u00f3 un insulto que reabri\u00f3 viejas preguntas sobre el verdadero sentido del Nobel de la Paz.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"784\" height=\"240\" src=\"https:\/\/laboraoriorbat.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Orbatmin251011-2.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-267\" srcset=\"https:\/\/laboraoriorbat.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Orbatmin251011-2.jpeg 784w, https:\/\/laboraoriorbat.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Orbatmin251011-2-300x92.jpeg 300w, https:\/\/laboraoriorbat.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Orbatmin251011-2-768x235.jpeg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 784px) 100vw, 784px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Desde su creaci\u00f3n en 1901, el premio ha oscilado entre la esperanza y la pol\u00e9mica. Fue el empresario sueco Alfred Nobel quien, en su testamento, dispuso que una parte de su fortuna recompensara a quienes \u201chayan trabajado m\u00e1s o mejor por la fraternidad entre las naciones, la abolici\u00f3n o reducci\u00f3n de los ej\u00e9rcitos y la celebraci\u00f3n y promoci\u00f3n de congresos de paz\u201d. El primer galard\u00f3n lo recibieron ese a\u00f1o <strong>Henry Dunant<\/strong>, fundador de la Cruz Roja, y <strong>Fr\u00e9d\u00e9ric Passy<\/strong>, un economista franc\u00e9s y pacifista convencido. Con ellos nac\u00eda un ideal: que la paz, tan abstracta como necesaria, pudiera tener nombre, rostro y biograf\u00eda. Pero pronto qued\u00f3 claro que no hab\u00eda paz sin pol\u00edtica, ni pol\u00edtica sin controversia.<\/p>\n\n\n\n<p>En la lista de premiados hay nombres que simbolizan cap\u00edtulos luminosos de la historia reciente: <strong>Martin Luther King Jr.<\/strong> (1964) por su liderazgo en la lucha por los derechos civiles; <strong>Nelson Mandela y Frederik de Klerk<\/strong> (1993), por poner fin al apartheid en Sud\u00e1frica; <strong>Malala Yousafzai<\/strong> (2014), convertida en emblema universal de la educaci\u00f3n femenina; o <strong>Mija\u00edl Gorbachov<\/strong> (1990), por su papel en el desmantelamiento de la Guerra Fr\u00eda. Son los rostros que la posteridad ha consagrado sin discusi\u00f3n. Pero junto a ellos conviven otros que generan incomodidad cada vez que se revisa la lista de laureados. La paz, al fin y al cabo, siempre ha sido un terreno ambiguo, y el Nobel, su espejo m\u00e1s implacable.<\/p>\n\n\n\n<p>Ninguna decisi\u00f3n encarna mejor esa ambig\u00fcedad que la de <strong>Henry Kissinger<\/strong>, galardonado en 1973 por negociar el fin de la guerra de Vietnam. Aquel a\u00f1o, la guerra segu\u00eda activa y L\u00ea \u0110\u1ee9c Th\u1ecd, el negociador vietnamita que compart\u00eda el premio, lo rechaz\u00f3 por considerarlo prematuro. Kissinger, en cambio, lo acept\u00f3, aunque apenas dos a\u00f1os m\u00e1s tarde las bombas volvieron a caer sobre Saig\u00f3n. Su papel en el golpe de Estado chileno de 1973 y en otras operaciones encubiertas de la pol\u00edtica exterior estadounidense termin\u00f3 por convertir su Nobel en una suerte de iron\u00eda hist\u00f3rica: un premio a la paz entregado a quien, seg\u00fan sus cr\u00edticos, contribuy\u00f3 a sostener dictaduras y conflictos. Cuando muri\u00f3 en 2023, a los 100 a\u00f1os, el recuerdo de aquel Nobel segu\u00eda siendo una mancha en la reputaci\u00f3n del comit\u00e9 que lo eligi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"687\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/laboraoriorbat.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Orbat251011-1-687x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-170\" style=\"width:340px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/laboraoriorbat.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Orbat251011-1-687x1024.jpeg 687w, https:\/\/laboraoriorbat.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Orbat251011-1-201x300.jpeg 201w, https:\/\/laboraoriorbat.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Orbat251011-1-768x1144.jpeg 768w, https:\/\/laboraoriorbat.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/Orbat251011-1.jpeg 784w\" sizes=\"auto, (max-width: 687px) 100vw, 687px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>D\u00e9cadas m\u00e1s tarde, la controversia volvi\u00f3 con otro rostro que alguna vez encarn\u00f3 la pureza moral: <strong>Aung San Suu Kyi<\/strong>, laureada en 1991 por su resistencia pac\u00edfica frente al r\u00e9gimen militar birmano. En los a\u00f1os siguientes fue s\u00edmbolo de dignidad y ejemplo global, hasta que, ya en el poder, su silencio ante la persecuci\u00f3n del pueblo rohiny\u00e1 la convirti\u00f3 en una figura tr\u00e1gica, incapaz de sostener las expectativas \u00e9ticas que el Nobel hab\u00eda depositado en ella. Fue entonces cuando muchos entendieron que el premio no garantiza virtud eterna; solo refleja un momento de fe.<\/p>\n\n\n\n<p>El caso de <strong>Mar\u00eda Corina Machado<\/strong> parece seguir ese mismo guion de contradicciones. En Venezuela, sus partidarios la ven como el rostro de una transici\u00f3n inevitable y su Nobel, como un aval internacional frente a la represi\u00f3n de Nicol\u00e1s Maduro. En el extranjero, la noticia fue interpretada seg\u00fan el cristal ideol\u00f3gico: para los gobiernos europeos y varias ONG, una se\u00f1al de respaldo democr\u00e1tico; para sectores del trumpismo, una provocaci\u00f3n disfrazada de altruismo n\u00f3rdico. El propio Comit\u00e9, como en tantas otras ocasiones, evit\u00f3 comentarios pol\u00edticos y se limit\u00f3 a recordar que el galard\u00f3n \u201cno es una aprobaci\u00f3n de programas, sino un reconocimiento a la lucha por la libertad\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Las controversias no son nuevas ni tampoco casuales. Cuando <strong>Barack Obama<\/strong> recibi\u00f3 el Nobel en 2009, apenas nueve meses despu\u00e9s de asumir la presidencia, ni \u00e9l mismo pareci\u00f3 convencido de merecerlo. \u201cNo me lo merezco\u201d, admiti\u00f3 con desconcierto. Las guerras en Afganist\u00e1n e Irak continuaban, y el premio son\u00f3 m\u00e1s como una apuesta simb\u00f3lica por lo que podr\u00eda hacer que por lo que hab\u00eda hecho. Lo mismo ocurri\u00f3 con <strong>Yasser Arafat, Shimon Peres y Yitzhak Rabin<\/strong> en 1994, cuando la esperanza de paz entre israel\u00edes y palestinos se desvaneci\u00f3 tan pronto como las c\u00e1maras se apagaron en Oslo. El comit\u00e9, no obstante, sigui\u00f3 defendiendo la idea de que el Nobel no celebra logros consumados, sino caminos posibles.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa l\u00f3gica \u2014la de premiar promesas\u2014 ha mantenido al Nobel en la frontera entre el idealismo y la ingenuidad. Sus defensores sostienen que los premios m\u00e1s cuestionados son tambi\u00e9n los que m\u00e1s incomodan al poder; sus detractores, que la paz se ha convertido en una herramienta diplom\u00e1tica m\u00e1s, un gesto de influencia global desde un pa\u00eds que, parad\u00f3jicamente, nunca ha sido escenario de guerra. El Comit\u00e9 Noruego, por su parte, insiste en la coherencia moral de su labor. Pero el tiempo siempre dicta su propio veredicto.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Hoy, m\u00e1s de un siglo despu\u00e9s del primer galard\u00f3n, el Nobel de la Paz sigue siendo una br\u00fajula imperfecta en un mundo sin norte. En su historia conviven humanistas y estrategas, m\u00e1rtires y pol\u00edticos, santos y sospechosos. Machado entra en esa genealog\u00eda compleja, entre quienes luchan por la libertad y quienes cargan el peso de la pol\u00edtica real. Que su nombre despierte entusiasmo y resentimiento a partes iguales solo confirma que el Nobel, pese a todo, conserva su poder: el de recordarnos que la paz, como la historia, nunca est\u00e1 del todo a salvo de sus contradicciones.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando el Comit\u00e9 Noruego anunci\u00f3 esta semana que el Premio Nobel de la Paz 2025 ser\u00eda entregado a Mar\u00eda Corina Machado, la reacci\u00f3n fue inmediata, intensa y predeciblemente contradictoria. En Oslo, los aplausos; en Caracas, la euforia y el desconcierto; en Washington, la sorpresa te\u00f1ida de molestia. La distinci\u00f3n, que busc\u00f3 reconocer la \u201cvaliente defensa [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":267,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[97,20],"tags":[40],"class_list":["post-149","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-profundizando","category-recortes","tag-nobel"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/laboraoriorbat.cl\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/149","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/laboraoriorbat.cl\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/laboraoriorbat.cl\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/laboraoriorbat.cl\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/laboraoriorbat.cl\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=149"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/laboraoriorbat.cl\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/149\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":269,"href":"https:\/\/laboraoriorbat.cl\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/149\/revisions\/269"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/laboraoriorbat.cl\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/267"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/laboraoriorbat.cl\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=149"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/laboraoriorbat.cl\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=149"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/laboraoriorbat.cl\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=149"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}